Paseas por el pasillo de cualquier almacén de licores y cuando llegas a los vinos siempre surge el mismo cuestionamiento ¿Cómo puede un vino económico ser mejor que uno costoso? ¿Qué define el precio? Encontrarás vinos compitiendo una al lado del otro, con la misma denominación de origen, el mismo tipo de uva o un proceso muy similar de elaboración, pero sus precios pueden varias en porcentajes que superan el 1000% ¿Cómo es eso posible?

Hay una lista larga de componentes y factores que influyen sobre los costos. Comencemos por una simple enumeración:

  1. Procesos de elaboración.
  2. Inversión en Marketing.
  3. Zona de origen.
  4. Prestigio de los creadores.
  5. Inversión en tecnología.

No son excluyente ni todas están presentes en cada marca de vino. El proceso de elaboración es uno de uno de los ítems más importantes, pues no siempre el producto más industrializado es necesariamente el mejor y en definitiva también la oferta y la demanda hacen lo suyo. Si el componente principal es la uva, hay que tomar en cuenta el precio de la cosecha, porque si la jornada no ha sido muy fructífera posiblemente la demanda sea mayor que la oferta, por lo que el precio sube.

Según Carlos González, director del manual digital de vinos en España Guía Peñín, dentro de los factores más importantes son la zona de origen, el tipo de uva y el modo de elaboración.

Fernando Gurucharri, presidente de la Unión Española de Catadores, asegura que hay que tomar en cuenta el factor humano y su impacto en el producto final.

“Los costes que suponen el manejo y cuidado del viñedo, la inversión en el aspecto humano y material, el tipo de barrica [el precio del roble francés triplica al americano], el material de los depósitos y el volumen o producción anual del vino”.

Marketing y precios

La imagen tiene su precio y eso se suma al valor del producto independientemente de la calidad del vino, pues desde una bella etiqueta o una botella particular, o incluso, un tapón puede diferencias la marca y crear una tendencia. Por tal motivo, las marcas buscan en lo posible que su producto destaque en las tiendas, más aún porque la evaluación primaria de un vino no es su sabor, sino su estética.

Procesos

Guillermo Vargas, gerente de operaciones técnicas de Bodegas Pomar de Venezuela, recuerda en una entrevista publicada en Estampas.com, que el precio es un conjunto de valores que posee cada pieza.

“En los vinos hay segmentación de calidades. En nuestro caso tienes los Altagracia, por ejemplo, que son de la gama joven, aunque hoy en día pasan por seis meses de añejamiento. Después vienen los premium, que son vinos añejados por año y medio y hasta dos años; entre ellos hay diferentes tipos de calidad. La línea premium es una selección muy especial de los vinos que tienen mayor potencial en cada cosecha, son los que tienen el derecho de ir a barrica. Asimismo, como podrá usted imaginar, son los más costosos, porque la barrica les aporta “kilates” en más de un sentido”.

Viñedo

El viñedo se lleva también un papel protagónico un viñedo viejo puede poseer unas características especiales muy valorados. así lo explica Jesús Peña, propietario de la bodega La Casa Maguila, en Zamora,

En un viñedo viejo, “su concentración y estructura”, son mucho mayores. “Sin embargo, el rendimiento es más bajo [se produce menos], por lo que, inevitablemente, se incrementa el coste”, añade. Esta información no aparece en la etiqueta del vino, así que un consumidor no experto es incapaz de valorarla. “Queda, pues, apostar por las uvas”.

El “Sex appeal” de la gama alta

En la tienda especializada Santa Cecilia tienen un Petrus de 1989 que cuesta casi 5.200 euros. ¿Cómo es posible? Mayte Santa Cecilia, su directora de negociación y márketing, lo achaca a que procede de viñedos muy viejos con pocos racimos, que se replantan cada 70 años cepa a cepa, las vendimias son naturales (se recoge de forma manual y en pequeños enlaces) y la poda verde (evita el derroche de agua), e incluso se hace uso de helicópteros para generar corrientes de aire. Pero su precio no se debe solo a estas proezas, sino que también tiene que ver con la leyenda: las palabras “exclusividad” y “grandeza” que se desprenden de su visión. El márketing de toda la vida… la vieja historia de la compra emocional. “Si el precio del vino resulta de multiplicar la calidad (Q) por el valor de la imagen (MI), hay quien paga hasta 50.000 euros al asociar el MI a una marca querida y especial que apetece consumir en la boda de un hijo o un 90 cumpleaños”, aclara Nacho Rodríguez, enólogo e ingeniero agrónomo.

“Vinos de miles de euros, como el Romanée Conti, de Borgoña, tienen una paleta aromática casi interminable, equilibrio, intensidad y alta cremosidad”, defiende Josué Parejo, sumiller de Lavinia. Pero no siempre compensan. Desde la Unión Española de Catadores, recalcan que debe ser el bebedor quien lo valore, con un análisis sensorial y de cata. Si esta tarea no está al alcance de su paladar, sepa que los expertos de la Guía Peñín aseveran que los vinos con mejor rango de calidad-precio son los que están entre los 5 y 20 euros, es decir, un vino económico con un beneficio exponencialmente mayor a su precio. Por debajo, no suelen dar la talla (“Mediocre materia prima”). Y los más caros, a menudo, gozan de atributos que ni siquiera detectan las papilas gustativas. ¿A qué sabe una imagen de marca? Así que un vino económico puede ser, sin duda, mejor que uno costoso.

Entonces… ¿Cómo puede un vino económico ser mejor que uno costoso? hemos dado con la respuesta.

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